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No dimite

LA VERGÜENZA DE UN NIÑATO (Artículo de Paco Velasco)

 

El gran difamador. El feroz desacreditador de la derecha, desde Rajoy a Ayuso. El trilero compulsivo y callejero. El artero manipulador político que falsifica la verdad y coacciona a la justicia. El vicioso que domina el trueque personal. Él, Pedro Sánchez, presidente del gobierno, ha vuelto a quedarse con el personal. Ha mangoneado, una vez más, el sentido de la lógica y de la ética. Ha elevado a categoría de normalidad la peripecia del pudor. Ël, Pedro, es un sinvergüenza.

 

En el mundo de los niños, y en el de los niñatos, la vergüenza es una emoción personal que se manifiesta en un escenario social cuando su ego se niega a ser humillado. El paradigma de la indecencia más procaz halla su sede vaticana en el inquilino, okupa y estafador, de Moncloa. Tres higas importan a este sujeto su familia, sus amigos o sus votantes. Enrique Arroyo lo preconizó allá por 2018. Lo ha reiterado en 2024. El frío y la pobreza fuera de Moncloa asustan a este procaz.

 

NOTA. Sánchez es, antes que descarado y deshonesto, un mentiroso. Se halla en las antípodas morales de lo que se sabe, se piensa o se siente. Es el ladrón que roba tomando en vano el nombre de la caridad. Actúa como el malhechor del teléfono sobre liquidación de deudas. Usa indebidamente a los abuelos para hacer creer que sube sus pensiones. El facineroso que escribe cartas de amor para vaciar las cuentas de las desvalidas. Es el timador de la estampita…

 

…Y COROLARIO. Begoña, investigada o no, es, insisto, una gran corrupta. Como lo es su valedor capaz de vender a su parentela por un plato de lentejas. En su premio halla su penitencia. Margarita lo sabe. Lo sabe Margarito. Robles.


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