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BAILOTEADORES DE LA YENKA

  • Foto del escritor: Paco Morán
    Paco Morán
  • 28 jun
  • 2 min de lectura

HUELVA, 28 DE JUNIO DE 2026

Recuerdo, en aquellos lejanos guateques de mi adolescencia, el furor de los que descubrimos el ritmo pegadizo de “la yenka”. Rememorar aquella canción con su correspondiente baile “suelto” no trae causa de un inopinado regreso a los albores de mi vida, sino a la reiteración de una conducta, propia de politicastros y de manipuladores de la información. El estribillo se convierte en actitud moral: “izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante., atrás, un, dos, tres…”.

“Illo tempore”, sí sabíamos de la filosofía de los “cínicos” griegos y todavía más la versión parroquial de la hipocresía entendida como incongruencia entre la fe y la conducta. Su práctica en la actualidad salpica el traje de marca de políticos tránsfugas y la adulación al caudillo por parte de los medios más sebosos. Oportunismo que señala a gente de vida sin principios. La condena a los golfos de las mascarillas vacía de credibilidad a propagandistas como “mosén” Risto.

NOTA. Los vaivenes del señorito Mejide lo sitúan en una supuesta altura intelectual que se estrella contra el suelo de la roca madre. Sus apoyos al hijo de Ábalos y a su padre nada tienen de conmiseración hacia los perjudicados por los delitos del segundo. Es la estrategia del publicista estafador que vende estufas en el desierto del Sáhara. No es que el señor cambie de idea como de camisa ni su versatilidad genere aprendizaje. No. Es un vocero de lo acomodaticio…

…Y COROLARIO. Mejide es un chaquetero de alta costura. No está en un bando ideológico porque la honradez tiene padre, pero no madre. El muchacho ignora que la sabiduría no se extiende si no camina junto a la pedagogía.

RECORDATORIO. La yenka es una alegoría del transfuguismo cuando el cambio trae causa de una prebenda. En algún caso, se puede incurrir en cohecho; en otros, Risto, bañarse en lodo generado por uno mismo.

POST SCRIPTUM. Risto Mejide sería un tipo valioso si se alejara de la petulancia narcisista de los presentadores que preguntan a sus invitados: ¿sí o no?, buscando el asentimiento obligado de éstos.

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