CREYERON QUE CEUTA ESTABA SOLA.
- Luis Faraco

- hace 53 minutos
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HUELVA, 29 DE AGOSTO DE 2026

Pedro Sánchez creyó que su política de acercamiento a Marruecos le proporcionaría tranquilidad. Que las concesiones, los gestos y la voluntad de entendimiento servirían para garantizar una relación estable con Rabat.
Pero la política tiene, a veces, una extraordinaria capacidad para convertir los supuestos éxitos en sus peores consecuencias.
Porque aquello que se presentó como una apuesta por la estabilidad puede acabar convirtiéndose, indirectamente, en uno de los mayores factores de desgaste político para quien la impulsó.
Hay derrotas que no comienzan en las urnas.
Comienzan cuando un Gobierno pierde el control del relato. Cuando sus ministros se contradicen. Cuando las explicaciones llegan después de los acontecimientos. Cuando, en lugar de transmitir seguridad, dan la impresión de ir siempre por detrás de los hechos.
Y, sobre todo, cuando una ciudad que algunos parecían considerar periférica, pequeña y fácilmente aislable consigue despertar una reacción que trasciende sus propias fronteras.
CEUTA NO ESTABA SOLA.
La FEMP ha convocado concentraciones ante los ayuntamientos de toda España el próximo 2 de septiembre como muestra de solidaridad con Ceuta.
Y la respuesta se está extendiendo.
Almonte, Huelva, Punta Umbría. Antequera. Espartinas. Málaga y otros municipios que se van sumando.
Unos convocan concentraciones y otros expresan institucionalmente su apoyo. Pero en cada nueva adhesión se repite, con distintos acentos, la misma idea:
Ceuta no está sola.
Jamás pensó Sánchez que una ciudad de menos de 80.000 habitantes, situada en África y tantas veces contemplada desde la Península como un problema lejano, pudiera conseguir algo que la política española parece incapaz de lograr casi nunca: unir a españoles de distintas ideologías y procedencias en torno a una causa común.
Y mientras esa solidaridad se extiende, la respuesta política parece cada vez más confusa.
EL INTENTO DE CAMBIAR EL RELATO.
Desde el PSOE se ha cuestionado la convocatoria de la FEMP y se ha intentado presentar la movilización como una confrontación partidista.
La paradoja es evidente.
Mientras se pide que la solidaridad con Ceuta no sea utilizada políticamente, aparecen mensajes que intentan precisamente reducir una reacción ciudadana a las siglas de quienes puedan apoyarla.
Pero Ceuta es mucho más importante que las siglas.
Y una cosa debería quedar clara: una convocatoria puede tener un origen institucional o político y, al mismo tiempo, ser asumida sinceramente por miles de ciudadanos que simplemente quieren expresar su solidaridad con Ceuta.
Por eso, quizá el problema no esté en quienes quieren concentrarse, sino en quienes parecen necesitar explicar por qué no deberían hacerlo.
UN GOBIERNO A LA DEFENSIVA.
La intervención de Marlaska en el Congreso ha añadido la imagen de un Gobierno sometido a una creciente presión política.
Explicaciones, acusaciones, anuncios de nuevas medidas y refuerzos después de que la crisis haya estallado.
Y eso es precisamente lo que muchos ciudadanos se preguntan:
¿Por qué ahora?
Ceuta necesita seguridad, protección, medios y presencia efectiva del Estado.
Necesita respuestas.
No relatos.
Y, al mismo tiempo, hay que decirlo con absoluta claridad: apoyar a Ceuta no significa justificar la violencia, el odio ni las agresiones contra nadie.
La movilización del 2 de septiembre debe ser exactamente lo contrario: una demostración cívica de solidaridad.
LA MANCHA DE ACEITE.
Y mientras unos discuten la convocatoria, otros siguen sumándose.
Cada nuevo municipio que se incorpora hace más difícil reducir lo que está ocurriendo a una simple maniobra partidista.
La solidaridad se extiende.
Como una mancha de aceite.
Quizá porque alguien cometió un error de cálculo.
Quizá creyeron que Ceuta era demasiado pequeña.
Quizá que estaba demasiado lejos.
Quizá que, como tantas otras veces, acabaría quedándose sola.
Pero no comprendieron algo esencial: Ceuta puede estar situada en África, pero forma parte del corazón de España.
EL PRESTIGIO.
Pedro Sánchez pudo creer que su política hacia Marruecos le proporcionaría estabilidad.
La paradoja es que aquello que pretendía protegerle puede acabar provocando —indirectamente y si esta crisis sigue deteriorándose— un profundo desgaste político.
Porque hay algo mucho más difícil de recuperar que una mayoría parlamentaria:
el prestigio.
Y ése puede ser el verdadero problema.
Mientras Ceuta habla, España empieza a escuchar.
Y cuanto más se intenta minimizar, explicar o politizar la reacción, más parece extenderse.
Como una mancha de aceite.
Creyeron que Ceuta estaba sola.
Y descubrieron que no lo estaba.
«Lo que se hace por amor está más allá del bien y del mal».
— Friedrich Nietzsche


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