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  • Foto del escritorPablo Gea

ELECCIONES EN EL PAÍS VASCO: LOS PECADOS DEL SOBERANISMO

HUELVA, 22 DE ABRIL 2024.

Las Elecciones en el País Vasco se han saldado con un estrepitoso fracaso para el espectro a la izquierda del PSOE. La marca de Podemos desaparece por completo, perdiendo los seis escaños que hasta ahora poseía. Exactamente los mismos seis que ha ganado Bildu, que pasa de los 21 en 2020 a 27 ahora. Igual que el PNV que, pese a las alegrías en la noche electoral, lo cierto es que pierde cuatro escaños desde los 31 obtenidos en los anteriores comicios. Mala noticia para el conjunto de España, que contempla impertérrita cómo los herederos indisimulados de ETA obtienen un inequívoco respaldo electoral, lo que equivale a asumir una legitimidad social que no cabe discutir.

 

De manera similar a lo sucedido en Galicia, quienes se sitúan en el extremo del arco de la izquierda pagan ahora con sangre electoral el haberse entregado sin ambages al discurso del nacionalismo identitario. Cualquiera menos es español, claro. Pues el nacionalismo que es abanderado por estas formaciones es siempre periférico. Esta es la razón por la que, en las comunidades autónomas con un arraigado sentimiento nacionalista (sea este posibilista o directamente separatista), opciones políticas como Podemos, Sumar o, antiguamente, Izquierda Unida, siempre se verán arrinconadas por la izquierda autóctona. Al fin y al cabo, ¿quién prefiere la fotocopia al original?

 

Un efecto boomerang en toda regla, pues pocos partidos políticos han hecho más por alentar las pulsiones nacionalistas en la periferia como Podemos antes y Sumar ahora. Su legitimación a pecho descubierto del discurso independentista y de las demandas de trasvase de competencias desde el gobierno central se cobra ahora su pieza principal: ellos mismos. Si se lanzaron a desterrar la defensa de los trabajadores para caer en brazos de las políticas identitarias de toda clase fue por obtener un caladero de votos exclusivo en el cual pescar cómodamente. Sólo que, en un tremendo error de cálculo, en dichos caladeros pescan otros. Un triste consuelo para quienes consideran inconcebible que se pueda blanquear a un partido dirigido por un terrorista, o que se pueda amnistiar a unos delincuentes.

 

Dejando aparte las claves puramente autonómicas, es indudable que el proyecto de Yolanda Díaz hace aguas, por incapacidad de articular un mensaje claro a la par que por no poder generar un espacio de unidad al haberse obcecado en una guerra absurda contra Podemos. Guerra que ganará, pero al precio de caer en el mismo error de la extrema izquierda de matarse entre sí por siglas, aunque en el fondo digan lo mismo. El votante se harta y se marcha a otros sitios. Bildu no lo ha podido tener más fácil. Podemos, por su parte, queda herido de muerte tras una estocada mortal, que pone la marcha fúnebre para su ocaso político.

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