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España y Sánchez:  las trampas, la economía de retaguardia y el conflicto social

  • Juan Berga
  • hace 3 días
  • 4 Min. de lectura

HUELVA, 11 DE MAYO DE 2026

La economía española y el cohete es una hermosa ficción que, como todas, la realidad mata. Cuando un instrumento de medida (el PIB, por un poner) se ve sometido a presión suelen producirse dos circunstancias (modificar el experimento, o sea, hacer trampas) o ignorar bajo su cortina las realidades que relata.

Creíamos que el dopaje era puramente estadístico, por ejemplo, aunque no solo, la ruptura de la serie histórica de las estadísticas de empleo y afiliación dadas las reformas laborales y la reaparición del pluriempleo, contratos encadenados o las cotizaciones de los que no trabajan. A medida que ha pasado el tiempo, que las instituciones de control y algunos analistas, no muchos, han ido recibiendo la información más reciente, hemos percibido con claridad que tras las infinitas prórrogas presupuestarias se escondía un modelo de gobierno que se situaba fuera de control yde la transparencia. Para la derogación sugiero algún cambio en la Ley General Presupuestaria.

El Tribunal de Cuentas afirma que las cuentas públicas están mal compuestas debido a que se apuntan ingresos o gastos donde no pertenecen temporalmente, lo que altera la composición del déficit, por lo menos y, según el tipo de gasto público estadísticamente alterado – sea consumo final o inversión- formará parte de la contabilidad nacional, y por lo tanto del PIB.

El Tribunal de Cuentas constata, también, que dinero de los fondos europeos fue a pensiones e ingresos mínimos vitales, gasto asistencial corriente. Hemos sabido que dos programas de vivienda, pásmense, fueron a cero, para derivar estos fondos a pensiones (sistema con 60 mil millones de déficit). Sabemos que el grosero aumento de la recaudación fiscal se destina a deuda (implícita en las pensiones, buena parte de ella) y se nutre de un retroceso de los salarios reales disponibles (debido a la llamada cuña fiscal: no deflactación y subidas de cotizaciones) y a la baja productividad.

Esto es más grave que manipular la anualidad de un gasto: no solo constituye una flagrante ilegalidad y manipulación de recursos, una opacidad venal, sin parangón en Europa, tan grave como ello es que estamos hablando de nuestra única bala para afrontar, dada la tendencial baja inversión pública,  la digitalización, la autonomía energética y la necesaria industrialización de alto valor añadido.

Si la Unión Europea quisiera, estaríamos en un lío, como en su momento estuvo Grecia; no querrá. Pero quizá se entienda mejor la desconfianza hacia nuestro país de los europeos que más pasta ponen.

Pensión – vivienda; cuña fiscal- endeudamiento. Dos guiones perversos que nos anticipan un conflicto social futuro, pero también una realidad: el modelo de asistencialismo es insostenible en estos términos.

La deuda pública, implícita en las decisiones adoptadas de política económica y social, no fáciles de revertir, constituye, junto a las obligaciones que deberán venirnos en materia de autonomía europea, si las aceptamos (energía, seguridad y digitalización), una limitación no solo cuando las cosas vayan mal, sino para sostener un escudo social, en un contexto de envejecimiento y crecimiento de población extranjera.

Los números pueden encontrarse en cualquiera de los análisis que ustedes busquen. Les dejo resumen. La última senda desde 2022 al 2025, desde la recuperanción pospandemis, es nítida: el PIB real creció en un 2,87% anual (bastante más que en Europa); el PIB per cápita solo lo hizo en un 1,81 (en esto ya no tanto). El peso del gasto público ha aumentado un 4% (más). La inversión pública solo lo ha hecho en un 0,65%(menos).…, los salarios reales en realidad no están creciendo. 

Hay que decir que esto es un producto coherente con la política que se practica, no con la que se expresa. El moderno discurso de la sostenibilidad y la modernización es, en realidad, un discurso de "decrecimiento": turismo, población, subsidiación europea mientras se pueda al alza, baja productividad, también al alza, es una senda de declive. La baja productividad nos alerta sobre la resistencia al crecimiento de salarios, sobre la persistencia de la economía de servicios vinculada al turismo y a la falta de inversión en valor añadido y sobre el alargamiento de los plazos de convergencia con la Unión Europea.

¿Y si nos encaminamos a una economía de retaguardia? Parecemos lejos de las preocupaciones estratégicas de la Unión Europea: seguridad, digitalización, energía. Parecemos lejos de un modelo de inversión en seguridad vinculado al impulso de competitividad y digitalización que se persigue, con retraso, en la Unión Europea. De hecho, parecemos esperar que se dé un impulso a la emisión de bonos europeos para seguir haciendo de gorrones. El acercamiento a China y algunos silencios sobre Rusia, con quien se comparte parte de la política exterior, apuntan a ese tipo de economía.

No es una fatalidad del destino, es la voluntad de quedarse en la retaguardia del conflicto geoestratégico para no tener que buscar nuevas coaliciones sociales (con los más jóvenes, que ya no son de la cuerda) que serían políticamente costosa. Los dirigentes socialistas españoles han aprendido más de lo que parece del populismo que castigó a la Francia de Macron (Chalecos amarillos).

¿Existe una base social para una reforma económica que no mate pensionistas o expulse inmigración? Esa es la forma cruel de preguntarlo. Soy un boomer, sin ganas de suicidarme y tampoco practico como estrategia ni la nostalgia ni el apocalipsis, como saben. Dicho en modo más suave: los pactos que hicieron posible las políticas del estado del bienestar se basaron en un compromiso fiscal intergeneracional que se ha roto y es de recuperación radicalmente necesaria, en un dificil marco de margen fiscal y de gasto.

Los pensionistas cobramos el 62% más de lo que cotizamos en su momento y las generaciones que siguen (sistema de reparto) no podrán pagarlo, porque la economía no va a crecer en torno al 3% y menos con la actual composición de la oferta de nuestra economía. Hay en el asistencialismo y la economía de retaguardia una bomba implícita: el conflicto social.

El problema es que podremos aplicar y proponer una gran derogación de los rasgos autocráticos que el contagio populista del socialismo realmente existente nos ha traido. ¿Pero está la alternativa política en condiciones de buscar una alternativa al conflicto social de la coalición asistencial que incluye, por cierto, a muchos de sus votantes? Sánchez está pensando en esa dificultad para la alternativa, lo de los resultados de sus diputados autonómicos y concejales no le conmueve lo más mínimo.

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