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La casita es feminista

  • Foto del escritor: Juan Berga
    Juan Berga
  • hace 2 horas
  • 4 min de lectura

HUELVA, 8 DE JUNIO DE 2026

He leído las letras de Bad Bunny. Lo siento, a pesar de pasarme dos días con Youutbe escuchando a portorriqueños e incluso boricuas no he conseguido entender al cantante. Siendo viernes, es día de pocas reflexiones sesudas en este blog. Así que he recurrido a una la lectura de las letras de Bunny que ha sido extraordinariamente creativa. Vean, señoras y señores, esta pieza del parnaso de la poesía modernísima y progresista de la muerte: "Te escupo la boca, te jalo el pelo, hoy quiero una puta, una modelo."

Si cualquiera de nosotros, una orquesta veraniega, un grupo de chavales canta esto en la plaza de un pueblo, nos lanzan piedras, nos multan y nos obligan a hacer un curso de antisexismo e igualdad. Pero aquí, en "La casita", no: las referencias del modernísimo feminismo patrio, aquellas que prohibieron que se cantara en televisión una canción de Mecano por la palabra "mariconez", esas, perrearon el verso de Bad Bunny.

Esther Expósito había declarado, días antes, que la sociedad es muy misógina y la cosificaban. Ella perreo, naturalmente, empoderada más no sosificada. Igual hizo Rita Maestre que dice que "las letras son secundarias, la gente baila". La señora Hernán, la del grito "Pedro eres un icono" y la que se desnuda, convenientemente pixelada, en un programa de televisión pública, ha sostenido que el feminismo no es una cosa de "play list" y que se puede ser feminista y perrear.

Se puede y puede haber mujeres a las que les guste que les escupan en la boca y les "jalen" el pelo, según receta del cantante, faltaría más. El derecho al gusto individual es incontrovertible. El problema es que se ha cancelado a mucha gente por menos audacia literaria o que se ha predicado un "wokismo" que nos ha llevado a impedir que las chicas del tenis lleven falda; las jugadoras de voleibol bikinis o las chicas de los "paddock" de la formula 1 han sido canceladas. El problema es que estas señoras, si el protagonista de las 50 sombras de Grey hubiera sido pobre, hubieran convertido la novela en "50 órdenes de alejamiento".

Para que me entiendan, el heteropatriarcado no es para el perreo. La culpa es del albañil que grita desde el andamio, groseramente y de forma sexista, cierto, "tía buena", cuando podría decir algo tan elegante como: "Te pongo en cuatro y te echo todo". Pura poesía.

El problema no es solo que ricas y blanquitas, pijiprogres, perreen en la casita. Eso es cosa suya. La cuestión es que las señoras han aceptado, ni más ni menos, su sexualización como reclamo. Que han sido seleccionadas, en técnica totalmente sexista y "cosificadora", por un "ojeador experto" que "valora" sus cualidades, mientras el resto de la gente baila hacinada en un espacio insuficiente y carísimo.

Se ha criticado la falta de diversidad en la casita. No lo hemos entendido bien. Gracias a que ellas, las mujeres empoderadas y guapas perreaban, enfrente se reunían a bailar las gordas y las feas, las viejas y las pobres. Si no fuera por ellas no hubiera habido  diversidad.

No nos engañemos señoras y señores, Bad Bunny ha captado, rápidamente, la esencia de la sociedad española: ricos en la casita, sin pagar; pobres mirando la casita, pagando un pastizal, y la única forma de ascenso social es parecer una prostituta, eso sí con una mentalidad avanzada.

Se está entronizando un feminismo selectivo, más basado en el libertarismo de los liberales (lo correcto es lo que me conviene) más que en la igualdad. Tengo algunas quejas sobre este tipo de "feminismo": ha convertido en insustancial el maltrato a las mujeres en Irán o la aceptación de la violencia que supone el Burka. Lo de perrear es empoderamiento, pero llamar "niña" a una periodista conocida, intolerable. Mujeres trans ganando torneos inclusión. Un doble rasero de narices.

La casita es feminista. Perreo, letras sexistas, falta de diversidad, apropiación del espacio lúdico: todo progresista, con el pretexto de una casita que, en realidad, no es una casita de pobres ni de indígenas tampoco. En realidad, la casita de la "Super Bowl" era un bar.

La casita es un invento norteamericano de un señor, William Levitt, que miró un campo de patatas y vio, en lugar de patatas, el futuro de la clase media estadounidense, que para él tenía forma de diecisiete mil casas iguales. Literalmente iguales. Barrios idénticos para resolver el problema habitacional. Clase media, falso elitismo y, también, racismo: en esas casas no podían vivir población negra.

Cuando las casitas llegaron a Puerto Rico hubo de levantarse, naturalmenta, la prohibición racial, pero las casitas solo fueron de trabajadores pobres en su segundo uso, una vez que la movilidad social permitió a los blancos de clase media prosperar.

Bad Bunny ha convertido la casita, quizá, en el jacuzzi de Jesús Gil o en el sueño de Julio Iglesias que, por lo menos, nos hubiera ahorrado el verso grosero, el el desahogo sexualizado de blanquitas, ricas y pijiprogres. No me cabe duda, tienen derecho a disfrutar, pero a mostrarlo como empoderamiento feminista es un alarde poco sustancial. Ya se sabe, cuando todo es feminismo, nada lo es.

Es que hay. Siendo viernes, yo me iré hoy a tomar un vino a su salud, a mi taberna habitual.  No creo que pueda convencer a mi tabernero de que es progre y moderno escupir. Viviremos esos sitios que inventó el heteropatriarcado donde pobres y ricos bebemos, charlamos y, a veces, depende de la cantidad y la calidad, bailamos en el mismo sitio, antiguos que somos. Pasen buen día.

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