La IA cambia la comunicación política
- Juan Berga

- hace 4 horas
- 3 min de lectura
HUELVA, 16 DE AGOSTO DE 2026
Hace unos días escribí sobre aqui la "slopaganda" y como nuestro gobierno se sumergía en ella. Les recordaba que se trata de un neologismo, nacido en una universidad de los Países Bajos, mezcla de "sopa" y de "propaganda".

Hace referencia a los contenidos basura, de baja calidad, que tienen, en realidad, un objetivo: hacer que sea imposible encontrar la verdad. Ya no se trata de neolengua, fake news, relato, posverdad, etcétera. Ya no va de edulcorar los fines políticos, se trata simplemente de negar la realidad.
La Inteligencia Artificial (IA) coopera con este mecanismo. Pero no solo se aprovechan de ella los denostados "tecnoligarcas". La comunicación política se apropia de esta metodología: memes, odio, ira, deseos piadosos y benéficos, nostalgia e imágenes, vídeos o audios manipulados mediante inteligencia artificial (deepfake) acuden en ayuda de los gobiernos, de Trump a la izquierda. En ocasiones, hasta los líderes adoptan la forma de "meme" o generan contenido basura en TikTok, mientras su país arde o sus fronteras son vulneradas, por un poner.
El recurso a la IA cambia la comunicación política. Al igual que ocurriera en los inicios de la era de los blogs y las redes sociales, no falta quien considera, no sin razones, que las herramientas que nos facilita la IA tienen un efecto democratizador. La publicidad y los medios de comunicación suelen ser la parte más costosa de una campaña política. Disponer de herramientas de IA, gratuitas o de bajo coste, permite que las candidaturas con menos recursos puedan crear contenido a la altura de sus oponentes, que cuentan con presupuestos mucho mayores.
Seguramente, este razonamiento les recordará aquel sueño del "periodismo ciudadano". Pero no caigan en una ensoñación acrítica, es mi humilde consejo. Para resistir debemos entender la naturaleza de nuestro ecosistema mediático: olviden a los subvencionados grupos editoriales; la nueva comunicación, donde anida la "slopaganda", es la suma de una plataforma, una tecnología y un hilo de noticias.
En temporada electoral, los anuncios generados por IA estarán, ya lo están, por todas partes. Suelen ensalzar a los candidatos o ridiculizar a sus oponentes, a menudo financiados por grupos externos a las candidaturas. La presencia de agentes malintencionados alimenta la preocupación de que el contenido político engañoso pueda manipular a los votantes y amplificar la desinformación. Mientras ustedes se preocupan por los censos, las máquinas se preocupan por modificar la verdad.
Las sofisticadas herramientas de IA han facilitado desinformación. La ciudadanía comparte esta preocupación y lo hace desde cualquier perspectiva ideológica. Todo el marco regulatorio actual en torno a la comunicación política es bastante confuso y conduce a una aplicación muy deficiente y poco rigurosa de las normas electorales. Aquí y en todo el mundo. Para qué engañarnos: la IA es más rápida que los jueces de una Junta Electoral.
La mentira de los candidatos es tan antigua como la política misma. Los temores que nos genera la IA son los mismos que han estado presentes en la política desde sus inicios. En el siglo XVIII, Benjamín Franklin publicó un suplemento falso en un periódico de Boston con noticias falsas sobre los británicos.
Pero esa pieza, al parecer convincente, no tiene nada que ver con la IA: la nueva tecnología plantea desafíos únicos, facilita la mentira a gran escala a niveles nunca visto en la historia.
Lo que crea estados de opinión son creaciones que se vuelven virales a medida que la máquina de escándalo de las redes sociales se desata. Los hilos de noticias de todas las plataformas están hoy en día saturados de contenido generado por máquinas.
En la actualidad, es muy probable que todo lo que aparece en nuestros hilos de noticias sea "basura", "slop". Los mismos tiktoks de Pedro Sánchez, por poner un ejemplo, se inscriben en ese nuevo modelo de comunicación política.
La "slopaganda" alimentada por la IA no habla de fines políticos, solo de poder. Y pretende vaciar cualquier posibilidad de la alternativa. La nueva comunicación política no tiene que ver con la "posverdad" que se viene practicando, especialmente desde la pandemia. No se trata solo de información falsa ya integrada en el discurso político.
Ahora se trata de las posibilidades que ofrecen las nuevas herramientas no para ofrecer una perspectiva de futuro sino de difundir a gran escala sensacionalismos que hacen imposible conocer que está pasando: desde golpes de estado judiciales a votos robados se abren debates que ocultan las maquinaciones del poder.
Pueden ustedes decir, y tendrán razón, que el problema no es la máquina, sino la mentira. Las sociedades democráticas defienden una notable protección de la libertad de expresión. En consecuencia, es más difícil establecer contenidos regulatorios. Pero hay consenso en que algo habrá que hacer. Mientras tanto resistamos con la apelación a contenidos éticos, la denuncia de los "deepfakes" y esas cosas que venimos haciendo en sitios como este.




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