LA JUVENTUD ACTUAL
- Pedro Rodríguez

- 11 may
- 2 min de lectura
HUELVA, 11 DE MAYO DE 2026
El pasado viernes estuvimos en el Colegio Maristas, donde, Pablo, recibía, junto a un centenar de compañeros/as, la banda y el diploma de Bachillerato, paso previo para la Selectividad y abrirse camino hacia la Universidad.
El amplio patio del Colegio estaba lleno de jóvenes con rostros contentos y emocionados, familias orgullosas y una sensación compartida de final de una etapa y comienzo de otra (imágenes).

Fue un acto sencillo, elegante y cargado de emociones.
Tuvo una duración de dos horas, en la que todo estuvo medido: la misa, las palabras de profesores, padres y dirección del centro y, naturalmente, las intervenciones de los alumnos.
Las cuales me sorprendieron gratamente. Especialmente, el discurso final de mi nieto, Pablo, profundo, sereno y lleno de madurez.
En los que se puso de manifiesto la preparación recibida en el colegio y que esta generación tiene menos miedo escénico, que la anterior (imagen).
Al escucharlos hablar, pensaba que a veces hablamos de “la juventud actual” sin detenernos a conocerla. Y somos injustos con ellos.
Esta generación ha nacido en un mundo completamente distinto al nuestro.
Han crecido entre móviles, pantallas y redes sociales.
Viven conectados permanentemente y reciben cada día una avalancha de información, exigencias y comparaciones.
JOVENES SENSIBLES, RESPONSABLES Y PREOCUPADOS POR SU FUTURO
Pero detrás de esa apariencia moderna hay jóvenes sensibles, responsables y preocupados por su futuro. A pesar de que no lo tienen nada fácil. Y ellos lo saben.
Conviven con la ansiedad, la presión social, la incertidumbre laboral y las enormes dificultades para acceder a una vivienda o alcanzar estabilidad económica. Y aun así siguen esforzándose.
Los estudios reflejan que estamos ante una juventud cada vez más preparada y formada.
Disminuye el número de jóvenes que ni estudian ni trabajan y aumenta el de quienes compaginan ambas cosas con enorme sacrificio.
Cada vez son más los que acceden a estudios superiores. Y también son muchos los que sienten que todavía les gustaría formarse más.
Hay además una generación más concienciada con la salud mental, más abierta a expresar emociones y más interesada en participar social y políticamente, a pesar de la polarización ideológica.
Es también una juventud con más compromiso, sensibilidad y ganas de construir un futuro mejor.
Por eso, después de vivir lo del viernes, pienso que la juventud actual merece menos críticas fáciles y más confianza.
Porque, detrás de cada título y banda de un graduado hay muchas horas de estudio, dudas, sacrificios y sueños.
Y en cada joven, hay una historia que merece ser escuchada.
¡BUENOS DÍAS!




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