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La limosna de los martes de Pedro no apagará el fuego francés: “ataca la citadelle”

Foto del escritor: Juan Berga
Juan Berga
hace 4 minutos
4 min de lectura

HUELVA, 20 DE OCTUBRE DE 2026

Venía de escribir unos garabatos en una de las mesas en que escribiera Kafka y una alarma lejana asaltó mi teléfono: Paris saqueado, arde el ayuntamiento de Limoges, quemado por los vándalos habituales. Recordé que enfrente de ese ayuntamiento me tomé un excelente pastis, acompañando a unos ciclistas que cruzaban Europa, naturalmente en el coche de apoyo, no se confundan con el cronista. Era tan agotador el trabajo que tuve tiempo de visitar "la Boucherie", (Calle de la Carniceria), barrio de casas de madera del siglo XIV y XV y comprar una pequeña cerámica por la que es famoso el municipio.

¿Qué ha ocurrido en Limoges, en Francia; en menor medida, en Bélgica y solo en media Italia? En Rennes encuentran un ejemplo metafórico: un encapuchado de negro amenaza con violar a una mujer y matar a su hijo, con gesto de degüello. Otra mujer, en un ejemplo de sororidad, indica que sería un daño colateral, "hay que hacer la revolución". La revolucionaria tiene nombre: se llama Bettina Zourli, dirige una asociación contra "el instinto maternal", es profesora de sociología en la Universidad de Rennes y, por supuesto, activista del populismo radical de izquierda francés, entre Sánchez y Podemos, para que me entiendan.

Conocemos a esta mujer: la hemos visto pasear haciendo fotos en el Trampolín (Ceuta), ignorando a las mujeres que sufrían en Irán, insultando en la televisión pública y gritando por el "gran reemplazo" racial y religioso. Melenchon , el francés, decía no hace mucho: "no haremos la revolución con obreros blancos" Ha dicho en vísperas de las movilizaciones: "Haced arder la ciudadela (citadelle)". También lo conocemos aquí; la señora Bergerot lo resumió con menos poesía, pero similar eficacia: "no habrá paz en las calles".

La ira la reparten jóvenes que creen en el islam, probablemente, y, como buena parte de Francia, con la piel oscura. Pero esto no va de religión, ni de piel: va de blancos de élite, que quieren hacer arder a otras élites blancas que no les dejan sitio. La caída de la democracia y las elites caviar de clase media es paralela al resurgir de la ira barrial.

Francamente, había pensado en hacer acopio de palomitas y observar el espectáculo de la destrucción de Europa por los europeos. Pero he cambiado de criterio: el tiempo que me quede pienso destinarlo a que, al menos, mis nietos y ustedes, mi audiencia ya no son las plazas, sepan quienes son de verdad los responsables.

Verán, la izquierda española no necesita de gran inspiración intelectual para ser violenta. Nos acompaña la historia, la cultura anarquista, la violencia del carlista que rezaba y desayunaba antes de matar al hombre, el "guerracivilismo" y esas pequeñas cosas. La izquierda italiana si era más de escribir, como la alemana, pero si leías a Gramsci, no tenías tiempo para hacer la revolución. "Mais, s´il vous plait, dans la France, nous ne sommes pas comme ça" (Pero, por favor, en Francia no somos así)

Bajo los asaltos de Paris ríen, al fin, Foucault, todo poder es opresión, incluso el democrático, profeta de la islamización francesa. Derrida, que enseño a reconstruir lo que ya se sostiene a sí mismo. Bordieu, el éxito es producto del robo, decía con (mala)conciencia de clase y llegó Bruckner a añadir la culpa de la civilización a la de clase. Estos mimbres se adoptaron por jóvenes y privilegiados estudiantes blancos, diplomados en las escuelas de élite (La Sorbona, SciencesPo y así)

Pero la cuestión no es solo la simplificación de las ideas hasta el chiste (Paz, casa, trabajo – si Lenin levantara la cabeza le encargaba a Trotski que se metieran el lema donde yo me sé-). La cuestión dramática para la izquierda es haber cedido el espacio de encuentro entre clases, el ágora democrática, a los populismos más extremos y violentos. No han visto ustedes a los obreros franceses quemar nada, ni al empleado que no vive en el centro ni, tampoco, al precario de los suburbios: no tienen tiempo para la ira.

Las élites se pelean por su alternancia, mientras quema la escala social a la que la clase media confió a sus hijos, a la que la digna clase obrera de los viejos libros aspiraba. El deterioro en la confianza de la democracia ha sido paralelo al debilitamiento de la economía social. Desde los años 80, a nosotros nos pillaría más tarde y con dinero de los alemanes (fondos europeos), un consenso recorrió el mundo: la alianza de cultura y trabajo debía ser sustituida por una nueva alianza política entre burgueses bohemios (izquierda caviar extremista, desde la Moncloa a Galapagar, en nuestro caso) y la inmigración barrial (necesitamos inmigración, ¿tanta?, quizá ahora se entienda más).

El lenguaje y la causa cambian para abrazar las prioridades de la burguesía cultural: cuestiones identitarias, migratorias, de género, de furia ecológica. Ese es el muro: al otro lado la gente que se afana, en un contexto, por cierto, de notable envejecimiento. Este fenómeno ideológico tiene una base económica: el estado asistencial – un mínimo para todos- y la "romantización" de la pobreza.

Ustedes se preguntarán si toda Francia arde. No; arde allí donde hay burgueses izquierdistas y barriadas empobrecidas. ¿Toda Italia arde? No; de Milán para abajo hay mafia y los valientes guerreros antifascistas no se atreven. ¿Toda Bélgica arde? No: allí todavía el estado no ha dimitido.

Macron ha sido derrotado por su incapacidad para hacer reformas equitativas y de corte intergeneracional: Francia, con una deuda insostenible y una carga fiscal más insostenible todavía, camina al desastre económico y, tras él, una crisis civilizatoria. La respuesta de los nuevos desprotegidos es ponerse a limpiar las pla,as y defebder sus cristales. mientras piensan en votar a Le Pen, cosa que las movilizaciones alientan.

El griterío ultra de Melenchon, aspira a un caos antidemocrático donde "el que más chifle capador". La reconstrucción de la izquierda. es la agenda. Mientras algunos del pensamiento radical gritan que hay gente, con nietos, yéndose de España a causa de la derecha que viene, yo me quedaré dándoles la vara: esto va de civilización y una economía en la que mis nietos puedan vivir. La limosna de los martes no paga fuegos: ataca "la citadelle".

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