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LA LLAMA DE UN INDIGENTE

  • Foto del escritor: Paco Velasco
    Paco Velasco
  • 25 jul
  • 2 min de lectura

25 DE JULIO DE 2026

Zapatero tiene el techo encima. No sólo no acabó con ETA. Está alimentando, cebando, al monstruo. A los miles de vascos fugitivos por necesidad de supervivencia, hay que agregar los otros miles que permanecen en el territorio del espanto etarra. O se atienen al silencio o los radicales cortan sus lenguas. España no existe para los canallas. Su odio hace sonoro el silencio de las víctimas. ZP y Sánchez han convertido a Otegi en dios de la muerte en vida.

Este comentarista sufrió en sus propias carnes, treinta años antes, la presión criminal de los proetarras. Tuve la ocurrencia de aplaudir las canastas de la selección española de baloncesto en el Bilbao del entonces moderado Arzalluz. Un matón de txapela se acercó a nuestra mesa y a gritos nos instó a ver y callar. Eso, por las buenas, adujo. La situación es hoy peor. Pregunten a los militares agredidos en Berriozar. Inquieran a los vecinos del casco histórico de Donostia.

NOTA. Aizpurúa, indigente ética, es la mensajera en el Congreso del nuevo terrorismo. Cuando los vascos explican que no tienen miedo, que la inseguridad no es tal y que el peligro del tiro en la nuca ha desaparecido, están declarando lo contrario. La afasia del gran Gil de Biedma ratifica su inhibición: “es probable, casi seguro, que no vuelva a escribir poesía en cierto tiempo –y es posible, temo, que no vuelva a escribir”. Ser del PP en tierra de criminales es jugarse la vida…

…Y COROLARIO. La muerte civil de Zapatero ahonda las garras de la venganza en su desprecio a España. No celebraré su entierro. Sin embargo, me consolaré con la idea de que la maldad tiene su castigo.

RECORDATORIO. Los españoles del País Vasco han hundido su libertad en la felicidad de la filosofía estoica: “Es mejor no hablar de las cosas y no emitir opiniones”. Apatía e imperturbabilidad son fuentes de su dicha territorial.

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