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La sucesión

  • Foto del escritor: Juan Berga
    Juan Berga
  • hace 1 día
  • 4 min de lectura

HUELVA, 30 DE AGOSTO DE 2026

La sucesión no será en el PSOE, será del PSOE. Tomen nota por si se cumple la profecía y puedo presumir. Empero, déjenme insistir: no deberíamos caer en la trampa de llevar el debate a donde no está. El debate, como se encargan de recordarnos todos los días los ceutíes, no está en La Moncloa. El debate sigue estando en la renuncia a la soberanía, en la insuficiencia ética del socialismo realmente existente, que se debate en sede judicial, y en la complicidad de la izquierda de verdad verdadera.

Insisto también: los titulares del legado de Sánchez son los que son, en pocas palabras: Sahara, Ceuta, Marruecos. Gasto militar, nucleares abiertas y cerradas al tiempo. Asistencialismo para sustituir al estado del bienestar. Fuera clase media; fuera soberanía. Desigualdad territorial, desprecio europeísta y seguro que algo me dejo. Este era el discurso, estas son las mentiras. Algunos cambios de opinión puede discutirse, lo venal es que se han producido por clientelismo y conservación de privilegios, no por análisis.

Desde que Oscar Puente, después de los tres o cuatro tuits insultantes del día, notara que le faltaba algo y dejara dicho que él no se cerraba puertas, todo el mundo ha tomado nota de que quiere ser califa en lugar del califa. El primero de ellos, el camarada Bolaños que lleva todo el agosto barriendo obstáculos, empezando por Robles y, a poco que le dejen, acabando con el propio Puente. Sánchez toma nota.

Sánchez ríe porque sabe el secreto: creen que heredarán una multinacional y van a heredar un estanco. Que el PSOE ha sido incapaz de afrontar la crisis de la izquierda en un cambio de época y ha preferido abrazar el sectarismo "woke" se ha dicho aquí más de una vez. Encontrarán múltiples referecias en las columnas que preceden a esta.

Dejaré la reflexión política para dentro de un rato, para empezar por la situación orgánica. El PSOE es un partido envejecido y "podemizado", de agrupaciones vacía, resistiendo en las concejalías, las delegaciones de gobierno y medios de comunicación subvencionados. Un partido hecho a la medida de Ábalos, Cerdán y Sánchez, sometido al Gobierno, máquina de expulsiones y censuras internas, de creación de militancias sumisas e instrumento de "lobbies" varios. Alguno es penalmente peligroso y otro políticamente arriesgado: el PSOE es el "lobby de los boomers". Que la sucesión pueda venir de Bolaños o Puente responde a estas características de partido. Se propone continuismo radicalizado más que regeneración.

Hay dos principios que los inventores de la socialdemocracia conocen (y que están en la raíz de la división del movimiento socialista en las respectivas internacionales): no hay socialdemocracia sin clase media. A cambio de la imposición y la universalización de ventajas sociales, se le garantizaba la escala social y el futuro de sus vástagos. Es la dura lección de la II Guerra en que el empobrecimiento de los hijos de la pequeña burguesía fue determinante en su radicalización derechista. No sé si la cosa les sonará de algo.

El segundo es la interpretación de la justicia según un igualitarismo con algún rasgo jacobino, matizado por el concurso de la democracia plural sin duda, pero identificada con el derecho al trabajo y a la mejora en las condiciones de vida. Una visión política heredera de la ilustración y no apresada por la suma de sensibilidades románticas en las que se ha convertido nuestra política.

Sánchez y el "wokismo" rompen la identidad de izquierda en la medida que la identidad se fractura en mil pequeñas identidades, a veces contradictorias, que recelan incluso entre ellas. Las mil variantes "woke" lanzadas a la sociedad en forma de imposición prescriptiva y cultural, de furia política, son el escenario en que se resucitan grupos privilegiados de identidad, al modo del antiguo régimen. Una estrategia que hace nacer un clientelismo en que surge el ejercicio del poder cultural y político del privilegiado. Un el escenario donde ni siquiera la gente de izquierda se reconoce.

El núcleo de la política del "sanchismo" es la sustitución del estado del bienestar por el asistencialismo. Construido en la búsqueda de redes clientelares (Ingreso Mínimo Vital, política de pensiones de dura sostenibilidad, privilegios territoriales, convergencia del salario medio con el salario mínimo), el estado de beneficencia se generaliza, a golpe de un entramado de subvenciones y privilegios, financiables solo con deuda e inflación, que han lastrado de escasez (vivienda, productividad y renta disponible) lo que ha sido una extraordinaria posibilidad de crecimiento, si se hubiera definido una posicion geostratégica europeista y una gestión racional del fascal de recursos recibidos.

En esas circunstancias, no les quepa duda, a Pedro el futuro le irá bien. Siempre habrá algún rescoldo en el que refugiarse, pero el partido quedará destrozado. Imaginar que la sucesión es el puro continuismo, más radicalizado si cabe, es una fantasía. Por otra parte, las candidaturas de las que se habla son un espantajo que da más miedo social que otra cosa. Podría, con suerte, encontrarse otros, pero nadie querrá encargarse del cadaver, siempre sucede.

Un partido político se desvanece cuando ha cumplido su función histórica: pueden preguntar a los partidos comunistas. El español, por ejemplo, no se presenta a unas elecciones desde 1983 y ha sobrevivido como lobby sea en IU, en Sumar o donde haga falta. Cosa que ya dije tras la caída del muro y por la que fui convenientemente expulsado.

La liquidación de la socialdemocracia es el final de la función histórica del PSOE. Recuperarla, en las condiciones de nueva época,  resultará notablemente complejo. No; la sucesión no será en el PSOE, será del PSOE.

Un "Suresnes.2" se nos viene, con una diferencia: el de González podía cabalgar a lomos de la lucha social por la democracia (y las espaldas de otros, por cierto, esa sí fue función histórica cumplida por los comununistas). El que venga carecerá de primeros objetivos, de políticas y de base social. Cosa que, por cierto, les ocurrirá a todas las izquierdas, tan cómplices del presente, como arrastradas a un futuro de regeneración de políticas y prácticas.

Sn duda son muy divertidas y noticiosas, darán juego a los cronistas, las batallitas de estrategas de quienes quieren aspiran a la sucesión del sátrapa.Inutil cosmonauta el que sueña en las estrellas y no es capaz de ver su porquería: lo escribió Vázquez Montalbán. Insisto: el porvenir de Puente o de Bolaños no es el debate, ni de nuestro interés, es tan solo la banalidad política para entretener a una militancia baldía.

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