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    LOS “THERIANS”

  • Foto del escritor: Pedro Rodríguez
    Pedro Rodríguez
  • 27 feb
  • 2 min de lectura

27 DE FEBRERO DE 2026

Hace una semana mi nieta, Manuela, con sólo 12 años y una curiosidad infinita por todo lo que circula en el mundo digital, me preguntó: “¿Abuelo, tú sabes lo que son los Therians?”.

No, ¿eso qué es? -le respondí- “Son personas que se creen animales y van por la calle vestidas como ellas se perciben”

“¡Eso no puede ser…!” -exclamé- “Sí, abuelo, es verdad. Hay gente que se creen animales”.

¡No me lo creo! —insistí-. Y ella, con la seguridad que dan las pantallas, me respondió: “Déjame tu móvil y te lo enseño”.

Se lo dejé. Abrió la página dedicada a los llamados Therians y me quedé estupefacto. 

Había decenas de fotos y vídeos de personas revestidas del animal con el que se identificaban.

Algunos con máscaras muy trabajadas, colas, orejas, trajes completos. (Imagen).

Otros, incluso, andando a cuatro patas por la calle o en parques públicos.

Confieso que las escenas me produjeron desconcierto.

No tanto por la estética —que también— sino por la convicción que los jóvenes tenían.

Anteayer, el escritor y periodista, Paco Muñoz, publicaba un artículo en el HI, titulado: “Histeria Therian”.

En el que decía: “Anda el mundo patas arriba con lo de los Therians. Están por todas partes: en las redes, en la tele, en los periódicos… hasta en los colegios son el tema estrella del patio…”.

Leyéndolo, entendí de dónde había salido la conversación de mi nieta. Las redes sociales son hoy el gran patio global.

Lo que aparece en TikTok o Instagram acaba, inevitablemente, en la conversación de los chavales.

MÁS ALLÁ DE MÁSCARAS Y ANIMALES HAY UN NIÑO O UNA NIÑA BUSCANDO SU LUGAR EN EL MUNDO

No me corresponde a mí juzgar ni ridiculizar a nadie. Pero sí me preocupa comprender qué hay detrás de esta moda de los “therians”.

Desde el punto de vista psicológico, la adolescencia es un tiempo de búsqueda de identidad.

Es la etapa en la que uno intenta responder a la pregunta más difícil: “¿Quién soy yo?”.

En un mundo hiperdigitalizado, donde la validación llega en forma de “likes”, adoptar una identidad alternativa puede ofrecer pertenencia, reconocimiento y comunidad.

Muchos jóvenes encuentran en estos grupos una forma de sentirse aceptados, distintos y, al mismo tiempo, acompañados.

Pero también existe el riesgo de que la fantasía sustituya a la construcción sólida de la personalidad.

Quizá esta moda sea solo una expresión más de un tiempo que busca diferenciarse a cualquier precio.

O, tal vez, el síntoma de una generación que necesita ser escuchada y afirmada en su singularidad.

A nosotros, los abuelos, nos toca algo muy sencillo y muy difícil a la vez: acompañar sin ridiculizar, orientar sin imponer y, sobre todo, querer sin condiciones.

Porque, al final, más allá de máscaras y colas, lo que sigue habiendo es un niño o una niña buscando su lugar en el mundo.

¡BUENOS DÍAS!

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