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TOMARNOS POR GILIPOLLAS

  • Foto del escritor: Pablo Gea
    Pablo Gea
  • hace 8 horas
  • 2 min de lectura

HUELVA, 8 DE JUNIO DE 2026

El ´caso hermanísimo’, como apropiadamente lo han denominado los tabloides, es paradigmático por dos cosas. Primera: porque independientemente de la calificación jurídica de la conducta del hermano del Presidente y de su efectiva condena o no, es indudable que se trata de un dedazo caciquil a la vieja usanza. Segunda: que el Gobierno, consciente de esto, empleó las cloacas más bizarras del ‘deep state’ para liquidar a la juez instructora. Todo feo y todo mal. 

Ahora los ánimos están calientes con eso de la prescripción del delito que recoge la conducta de la aceptación de un nombramiento ajeno al procedimiento y requisitos legales al uso. En el fondo, esto da igual. Porque las declaraciones que el ‘hermanísimo’ prestó en sede judicial durante la instrucción fueron apabullantes. En su sinvergonzonería, quiero decir. No sabía qué era la Oficina de Artes Escénicas (órgano que, supuestamente, él dirigía), desconocía dónde se ubicaba (qué menos que lo hubiera mirado en el Google Maps camino al juzgado), y además no tenía ni idea de quiénes eran las personas que trabajaban con él. Cristalino.

 

Un ejemplo encomiable para todos los chavales que están ahora haciendo la PAU. Puede quedarles bien claro que da igual la nota que saquen. Aquí para prosperar hay que estar bien pegado al poder político de turno, que algo caerá. Falacia cínica donde las haya, destructora de almas honradas cuando se enfrentan con la verdad de la picaresca española. Pues es un engaño, una estafa y una crueldad hacia quienes se esfuerzan todos los días por salir adelante afirmar que el mérito y la capacidad es lo que manda cuando tienes a toda tu familia enchufada. Familia, pero también amigos. Y amigos de amigos. Así va la cosa. En un país en el que los autónomos se dan de baja para hacerse funcionarios.

 

Porque esto, no nos llevemos a engaño, es tomarnos por gilipollas. A todos. Pensar que somos demasiado débiles o estúpidos como para revelarnos contra una realidad tan indeseable como consumada. Los políticos se cambiarán los cromos, para que nada cambie. Sánchez seguirá en la Moncloa y el PSOE volverá con la monserga del progreso y de sanear el país de corrupción. Salvo milagro. Cosas.

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