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UNA MERITOCRACIA QUE NADIE SE TOMA EN SERIO

  • Foto del escritor: Pablo Gea
    Pablo Gea
  • 4 ago 2025
  • 2 Min. de lectura

Lo de la diputada del PP Noelia Núñez es una pantalla de humo: los políticos llevan inventándose los currículums desde siempre. Especialmente los que no han trabajado en su vida.


HUELVA, 4 DE AGOSTO 2025.


Pánico en el Congreso. Tras la ‘dimisión’ de la flamante diputada del PP, todos los políticos andan como locos poniendo a punto sus biografías profesionales -en el caso de que la tengan- y escondiendo debajo de la alfombra alguna que otra inexactitud. El que haya sido un fuego cruzado entre el PP y el PSOE demuestra que no hay nada sincero en los reproches mutuos, porque la práctica esta de inventarse carreras, másteres y cursos como que va de suyo.

 

Si Noelia Núñez ha tenido que demitir por esto, espero que hagan lo mismo todos y cada uno de los diputados que hayan falseado su currículum, ya sea mintiendo descaradamente o adornándolo convenientemente. Como Yolanda Díaz, por ejemplo. La cosa en sí no es que se inventen nada -lo que por sí sólo ya justificaría la muerte política- sino la evidencia palmaria de que estamos gobernados por una élite de inútiles, que debe sus puestos al servilismo cortesano y a los enchufes más que a su mérito y capacidad.

 

Uno se pregunta cómo tienen el cuajo de decirles a aquellos que sí han pagado un peaje de tiempo y de dinero en sacar sus estudios lo que tienen que hacer, o de dictar leyes que regulan el trabajo, la inversión y el acceso a los puestos de trabajo, cuando la mayoría de ellos ni sabe lo que es una nómina ni tiene la más remota idea de los costes de contratación de un trabajador. Por no decir ya que ignoren lo que es una Tesis Doctoral, los entresijos de la investigación universitaria, de las horas y el dinero que cuesta realizar un trabajo analítico en condiciones.

 

España, como muchos otros países del entorno, ha dado la espalda al talento para quedarse sólo con los mediocres, a los que mima y recompensa. El brillante es perseguido y acosado, abocado al exilio y expoliado sin piedad por una Agencia Tributaria tan arbitraria como omnímoda. Un reflejo del tipo de gente que nos gobierna, que nos obliga a una reflexión interna profunda, porque somos nosotros los que los ponemos ahí.

 
 
 

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